Café? No, mejor té!

Hoy leí en la versión digital del diario Clarín, una muy buena nota sobre el té, con un poco de historia y las distintas variedades de la bebida más vieja del mundo (5 mil años), y sus beneficios para distintas afecciones.
Algunas partes que resalto:

Con más de doscientos componentes químicos y orgánicos, tomar té proporciona una alta cantidad de elementos positivos para la salud y ayudar a reducir, por ejemplo, el cáncer de ovario. Especialistas del Instituto Karolinska descubrieron que si se ingieren por lo menos dos tazas de té al día se podría disminuir el riesgo en un 50%. En cambio, las encuestadas que tomaron esta bebida una vez al día redujeron el riesgo en un 24%.
¿Las razones de tremenda conclusión? Según los científicos suecos, los antioxidantes que hay en la infusión pueden ser la razón de estas propiedades benéficas.


Otra cita de la nota:

Pero el té no sólo tiene propiedades que ayudan en casos de cáncer. Según la medicina tradicional china también “ e stimula la visión, elimina la grasa, refresca la mente, elimina el calor y las toxinas, reduce el sueño, calma el espíritu y elimina la angustia, fortalece los dientes, estimula la diuresis, elimina la flema y preserva la salud ”. A esto hay que agregarle que no todos son iguales o sirven para lo mismo.

Y no hace falta ser inglés para saber que hay cuatro tipos principales de té, con múltiples variedades que dan lugar a más de 3000 tipos de té en todo el mundo.

Y la notame hizo pensar en un poema sobre el té, que no es chino, sino de la autora inglesa Carol Ann Duffy, y que está incluido en su último libro "Rapture", 2005. Porque el té también tiene otras propiedades, además de las descriptas arriba.




Carol Ann Duffy, traducción Irene Ocampo


Me gusta servirte el té, levantar
la pesada tetera, e inclinarla
para que el líquido perfumado entre a raudales
en tu taza de porcelana.

O cuando no estás, o estás trabajando,
me gusta pensar en tus dos manos ahuecadas mientras sorbés,
sorbés, y la leve sonrisa a medias de tus labios.

Me gustan las preguntas ¿azúcar? – ¿leche?
y las respuestas que todavía no sé de memoria,
porque al ver en tus ojos tu alma, las olvido.

Jazmín, verde de Pólvora, Assam, Earl Grey, de Ceilán,
me gustan los nombres de los tés ¿Cuál té querés? Te pregunto,
pero para vos es cualquier té, por favor, a cualquier hora del día,

mientras las mujeres cosechan las dulces hojas
en las laderas del Monte Wu-Yi,
y yo soy tu amante, encaprichada, colando tu té.


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