crónica de una soltería


pasaron ya doce meses, un año, desde que le dije a Gabby que no podía seguir dando más a la pareja que tuvimos durante más de 15 años. Fue luego de un proceso que implicó más de un año de tomarme dos grandes impulsos con calma, pero sin dejar de respetármelos: quería estar por mi cuenta, y vivir en mi propio lugar.
Y desde entonces, casi a los dos días de ese momento de salto al vacio que fue haberlo dicho para mí, viví uno de los períodos más vertiginosos de los últimos años.
Me mudé sola, mientras compartía el espacio con la Biblioteca lésbica. Intenté mantener mi vínculo con Gabby, lo intentamos, creo que lo estamos logrando. Y luego de muchas inseguridades, incomodidades, e incertezas, creo que puedo decir que mantuve muchos de los vínculos, amistades, y afectos que tenía de cuando estaba en pareja, y que hice varios nuevos, y profundicé otros durante este año.

Y lo que siento es que casi nunca estuve sola. Mis amigas nunca me lo hicieron sentir, aunque ellas estuviesen a muchos kilómetros de distancia. Nunca me faltó la palabra, escrita muchas veces, que me permitía hacer pie de nuevo, cuando me parecía que me cansaba peligrosamente de mover los brazos y las manos para mantenerme a flote.

Y aunque siempre sentí que lo que quería hacer estaba acompañado de mucho amor, del mío propio, y de mis afectos más cercanos, cuando el amor llegó me dejó asombrada, sonriente y un poco vergonzosa, porque fue a partir de mi poesía.

Y esa poesía, más toda la otra que llegó me llenó, me lanzó por los cuatro costados, o más, a veces. Y que hoy atraviesa mis días como el viento.

Y este nuevo ciclo que está comenzando a partir de vaya una a saber qué, lo estoy sientiendo muy bueno, muy lleno de sorpresas buenas y no tanto, pero que las recibo con la mejor onda también, porque siempre puedo aprender algo nuevo de mí misma.

Y entre todo esto, mi vieja, doña Irene, que se apareció de nuevo por mi vida, y que me hizo tanto bien, para poder rehacer nuestro vínculo desde el más genuino afecto.


Voy a intentar nombrar a quienes estuvieron conmigo más cerca o más lejos, pero que de alguna manera me hicieron sentir su acompañamiento. Cecichun, hermana alokada; Gabrielaa., hermana power; Clo, hermana linda; (las tres son mi guardia escorpiana) ;p
Euge, compañera de muchos caminos; Fabi, compañera desde las serranías; Kamala, hermana feminista cuyana; Sonia, la hermana periodista. Maga poeta, un amor así, no se termina.
Natalia, por la confianza para encarar el proyecto de alquilar juntas. Mauricio, un jefe que sabe escuchar. Roberto y Laura, por la buena onda para cobrar el alquiler.
Mis queridas Gal y Ann, hermanas villenses, con quienes pudimos al fin reencontrarnos después de tanto tiempo. Vale, hermana patagónica queer. Macky, hermana poeta neuquina.
Un super gracias a quienes me dieron refugio en mis paseos por ahí: Gaba, Fabi, Clo, Mel, Canela, Claudia V..
Un gracias enorme a las queridas/os amigas/os con quienes me reencontré, o con quienes al fin pude entablar un diálogo sincero y afectuoso: Martita M., Marta Cw., Amanda, Claudia V., Josefina, Mauro.
Y ahora sí, un super gracias especial a mis compañeras del grupo lésbico Las safinas, con quienes pude entablar un vínculo afectivo-familiar super importante para mí.

2009-10 de marzo-2010