Helado de despedida, contrata en Rosario 12

Helado de despedida

 Por Irene Ocampo
 
Asumir que no podemos seguir así. Sentir que es mucho pero es imposible. Tanto por descubrir, compartir, disentir, discutir, y volver a sentir. Hablar con el lenguaje de los cuerpos sin mediaciones. Llorar. Reírnos de nosotras mismas. Volar detrás de un sueño común. Abrazarnos como si fuese la última vez. Mirarnos a los ojos y perdernos en las profundidades. No dar el brazo a torcer. No permitir que el destino se encargue de hacer de las suyas, como siempre. Patalear, quejarme. De nada sirve cuando hay decisiones ya tomadas desde antes. Pero fue lindo lo que nos pasó. Cortito, pero cómo me gustó.
Tenías la mejor voz de la noche. El concurso de karaoke del boliche pintaba de bajón, y apareciste vos, cantando un bolero de esos que te rompen la cabeza, el corazón, todo. Ganaste, obviamente. Te gusta ganar a todo, hasta en el karaoke del boliche. Te seguí con la mirada, te di a entender que me gustaba mucho tu voz, tu forma de cantar, y claro algo más. En la pista nos dimos varios besos y salimos de la mano hacia ¿tu casa? ¿la mía? No importaba demasiado. Lo que más nos importaba era que la noche terminaba en un par de horas, y luego a laburar.
Parecía que esas pocas horas iban a ser todo. Vos no tenías intenciones de dejar a nadie, y ya tenías un pedazo de historia. Y yo pensé tantas cosas. Nada de lo que pasó después, eso es seguro. Me decías que hablabas más que de costumbre, con una extraña. Y yo te decía que donde voy ocurren cataclismos. Nadie quiso parar. Al menos en esos primeros encuentros.
Y ahora ya no nos vemos más. De nuevo la sensación de un vacío que nadie más podrá llenar. Tantas canciones cantadas en dos tonos, el tuyo y el mío, pero armonizados. Intensas dos semanas de llamadas a deshoras, encuentros clandestinos. Lo más extraño fue faltar al boliche. Nosotras que no nos perdemos una noche. Eso fue lo que más llamó la atención de todas. Y vos no quisiste arriesgar todo. Y yo que siempre quise más. De entrada. Te pregunté de más. Me contaste tantas cosas...
¿Qué hay de malo con soñar? Una otra vida después de ésta. Vos cantándome al oído. O no, mejor cantando juntas, en el karaoke una canción de Montaner. ¿Quién quiere detener la dicha? ¿Alguien sabe cómo parar? Y, ¿qué sigue después? Las miradas que se alejan para no provocar sospechas a otras miradas que nos miran. El eterno juego de las apariencias que no engañan. Si sólo pudiera tomarte de la mano, ahora. ¿Quién me hubiese dicho que ese gesto sería tan pero tan prohibido?
Recorro la pista para no mirarte, cómo te movés, cómo girás y evitás verme. Está oscuro, pero sabemos que estamos conectadas. Eso es algo que no para, aunque ya ni nos saludemos como antes. ¿O es sólo mi sensación? Tarea para mañana, cuando me levante luego de esta resaca que voy a tener, fija, no voy a poder zafar. Este es seguro mi destino de domingo por la mañana. Abriré y cerraré la puerta de la heladera buscando, algo, un símbolo de paz, o un limón. Nada me aliviará la frente afiebrada, y el corazón arrugado.
Pero no aparece el último peldaño que hay que pisar para saltar de vos. Porque parece eso tengo que hacer. Ya no da que sueñe con tus besos de alondra en celo. Ni que espere el llamado para que nos encontremos a una hora extrañísima a la vuelta de cualquier bar. No da para que piense "si vos quisieras algo así, no habría forma de parar esto que surgió de improviso".
Pienso en voz alta. Hablo sola. Me paro frente al espejo. Me desnudo y hablo como si te estuviera diciendo: "acá estoy y estaré siempre". Pero no es real. Sacudo la cabeza. Busco el teléfono. Llamo. Me atendés, nerviosa, te invito a tomar un helado. Aceptás. Nos encontramos en la heladería que queda cerca del parque. Los compramos y vamos caminando. Nos sentamos sobre los bancos que dan al río. Vos en uno y yo en el de al lado. Así quedamos frente a frente. El dulzor parece amargo cuando te miro y no me sostenés la mirada. Yo empiezo a decirte algo que parece chistoso. Y vos te sonreís apenas. El viento nos da frío. Hora de irse. Ya terminamos nuestro helado de despedida.

ire.ocampo@gmail.com