Irrepetible. Contratapa en Rosario 12

Martes 8 de junio 2010

Irrepetible



 Por Irene Ocampo
Tarde, se hace tarde. Miro el reloj. Calma, me digo. ¿Dónde está mi reemplazo? Tarda. El tránsito lo demora. Parece el último día del año. Preparo mis cosas antes de entregar la caja de la tienda. Te llamo por teléfono. Estás demorada. Quince minutos. Tal vez más. Tarde. Tengo la sensación de llegar tarde. Justo hoy. Un día como cualquiera. Excepto que hoy es hoy. Unico. Irrepetible.






Compré todo ayer. El almuerzo que habíamos planeado es el mismo. Aunque pensé que no vendrías. Lo temí varias veces desde que casi nos peleamos hace cuatro días. ¿De quién fue la culpa? Eso ya no importa. Mientras camino por las mismas calles que recorro a diario de vuelta a mi casa siento que hoy es hoy. No se parece a otro día anterior. Y también siento que no será como ningún otro en el futuro.

Desde que volviste de Francia no nos vimos. O sí, apenas una charla casual. Un breve intercambio de sonrisas y gestos nerviosos en la calle. Una flor de bienvenida de vuelta. O, ¿significaba algo más? Que todavía me importabas y mucho. Símbolos. Y lo que pretendemos que signifiquen mientras buscamos las palabras que no nos dicen.

Llegué temprano a pesar de mis peores temores. Todo comienza a tomar un ritmo más calmo. Estoy en mis dominios. ¿Qué recordaré de este día dentro de un año? No puedo tomar notas ahora. Fotogramas. Y las sensaciones. Colores. Aromas. Texturas.

Comemos nerviosas. Charlamos de tu viaje. Estás como desencajada. Fuera de ritmo. Viviendo aún cinco horas más adelantada. Me río apenas de tu acento mezclado. Y vos te reís de mi geografía deplorable. Mi mapa ni siquiera está al revés, simplemente le faltan partes. Más risas. Buena metáfora sobre la pregunta que viene después. ¿Dónde estamos? ¿Dónde estoy yo en tu vida? Sin embargo, soy yo la que puede responder mejor dónde estás vos en la mía. Y de repente el tiempo se detiene.

Tus dedos parecen filosofar con el paquete de cigarrillos a punto de quedar vacío. Le das vuelta. Pero su situación no cambia. Sigue casi tan vacío como recién. Te rendís ante la evidencia. "¡Siempre me quedo sin cigarrillos cuando vengo a tu casa! ¡Qué desgracia!" y dejás el paquete sobre la mesa. Momento ideal para que tome tu mano con la mía. Darte la caricia que estuve ensayando hacerte hace... ¿cuánto?

La piel de tu mejilla. Tibia, casi caliente. Mi mano en tu cabeza. Me acerco y te abrazo. Entonces te siento. No hay más palabras. Y te beso en silencio. Tus labios tan suaves. Y por fin me mirás. Directo a los ojos. Ya no te escapás. Te quedás. Me medís. No te podés creer que esté sucediendo así. Me desafiás. ¿El postre? Más tarde.

¿Qué recordaré de esta tarde dentro de un mes? Tu piel al toque de mis dedos. Mi piel sobre la tuya. La tela de tu camisa. El primer botón cediendo a ser desprendido. Más besos. Más piel. Más toques. Roces. Miradas. Perfume importado mutando al de mujer en celo. Un detalle rojo que tiñe el ambiente. Las sillas ya son despeñaderos, peligrosas alturas desde las cuales caemos.

Si te dejo hacer, pierdo las ropas. Eso es lo que quiero. Pero lo que más deseo es a vos. Que te quedes acá. En el toque. En el movimiento con ritmo de tu cuerpo junto con el mío. Ser tu mapa. Y que lo recorras con tus dedos. Lo tomes con tus manos. Lo mires. Y busques con tu lengua el punto. Por allá. Más arriba. Por ahí. Acá. Este. No, ese no. Acá. Así.

Y también quiero que seas mi mapa. Recorrerte. Perderme. Seguir una ruta nueva. Y tener la sorpresa en mis manos. Darte de mí lo mejor. Conejita. Una casi sensación. Terminar en el momento en que no suenan los teléfonos. Sólo alguna canción de Los piojos tal vez. Enredadas. Sin sábanas. La modesta decoración de mi habitación de soltera. Llena de libros, revistas, CDs, y ahora, de ropas abandonadas por ahí. ¿Esos zapatos son tuyos?

El postre. Dulce crema helada compartida en la cama. Tiene otro sabor. O, ¿sólo a mí me parece que es el mejor que probé en mucho tiempo? Metáforas. Nuevamente. Como la de su fin. La charla salta de un tema al otro. De recuerdos. Presente difuso. Porvenir en futuro anhelante. ¿Por qué debo hacer siempre las preguntas más difíciles? No es mi destino, me decís. "Te tocó así. A veces, a mí también me pasa con otras personas", me confesás. Pero hoy es hoy. Y hoy me tocó a mí.

No esperaba esa respuesta tuya. No hoy. Tal vez otro día. Hace cuatro días, la hubiera aceptado. "Me vuelvo a Europa, a vivir", soltaste. Me miraste de esa manera en que me mirás, como viendo en el fondo de mi alma. "Te sigo", fue lo único que pude contestar. "Voy hasta donde estés", pensé.
La sangre se agolpa. Late. Me late todo. Creo que mi sangre te va a seguir. Quiere seguirte. Si me quedo, ¿me desangraré? ¿Dejarán de latir mis venas por vos?