Noche 4: Cafayate, Salta



No conseguí reservar alojamiento económico desde Tafí, donde me habían sugerido un par de hostales. Así que ni bien bajé del bus me metí en el hotel al lado de la Terminal de la empresa Aconquija. El confort Hotel tenía una habitación doble disponible que me salió bien cara pero que pude pagar con tarjeta de crédito.
Tenía tal alegría de poder estar por fin en Cafayate que no me importó pagar esa suma. Y ya nada pudo empañar esa alegría ni ese precio, ni el calor de la siesta, nada.
Comí en un restoraunt semi vacío de la calle Güemes, la misma calle del hotel, luego de sacar el pasaje para Salta para el día siguiente, por otra empresa, El Indio.
Mientras comía veí el noticiero de Cadena 5, y un pequeño amigo me cantó unos dulces gorgeos mientras esperaba mi comida (es el pajarito amarillo de la foto).
Luego de una larga siesta, en la oficina de información turística me sugierieron visitar a esa hora el negocio de un artista platero, y en la misma cuadra el Museo Arquelógico de Rodolfo I. Bravo. Las bodegas tienen amplios horarios de visita, pero a la tarde cierran temprano, y no eran mi prioridad ya que conocí muchas bodegas cuando estuve en Mendoza. Recorrí ambos lugares y disfruté de los dos.
Realmente recomiendo el museo arqueológico. Es una colección privada que mantiene la viuda del arqueólogo Helga Mazzoni. La colección de piezas de la cultura Sanmariana originaria de los valles es impresionante. Cientos de vasijas, urnas funerarias, piedras para la molienda manual del maiz (pecanas, tacanas, y cananas). todo este material fue recogido, estudiado y clasificado por Bravo y su mujer durante años.
Luego de mi chat con Gabby de ese día, fui a cenar a un comedor adonde van pobladores de Cafayate y mochileros. Se llama Nueva Nápoles y queda frente al mercado de frutas, frente a un pasaje a la vuelta de la plaza principal.
Lloviznaba y comí en la vereda, como muchos más, mientras veí el incesante trajinar en el supermercado abierto hasta altas horas de la noche.
Antes de que cerrar sus puertas pude visitar un negocio de artesanpias en al esquina de la plaza, donde compré cosas para mí y recuerdos para regalar. Allí conseguí dos diseños que espero me ayuden para poder hacerme un tatuaje a la vuelta de este viaje.

Como seguro se lo deben estar preguntando, no tomé vino. Acompañé la cena con jugo de pomelo fresco. Pero sí probé el helado de vino, en la heladería Miranda, exquisito.

Al regreso al hotel tocaban jazz bebop los Jazz Calchaquí en el local Macacha.